Cambio todo por el don que hace a las mujeres reir...
-Babasónicos-
Eme llegó a su casa por la noche y encendió la luz. Se dirigió a la cocina y localizó la ensalada de atún, también tomó una caguama –Eme siempre tenía caguamas, se acostumbró a ellas desde los tiempos de escasez, caguamas normales, porque nunca le ha gustado el célebre caguamón, después se acomodó en un sofá que hacía las veces de cama sin serlo, cubierto con una cobija mugrosa. Tomó el control remoto y prendió la tele, “crisis financiera mundial” gritaba el conductor del noticiero mientras Eme destapaba la caguama con una pala de madera, de esas que sirven para voltear los huevos fritos, ¿qué chingaos tenía que hacer ahí una pala de madera con grumos de cochambre?, todo un misterio. Eme se jactaba porque podía destapar una chela casi con cualquier cosa, sentía gran orgullo de sus mañas adquiridas en sus tiempos de CCH, pero sentía nausea cuando le tocaba mirar a quienes destapaban la caguama con los dientes, o peor aún, frente a los infames que lo hacían con la cuenca del ojo, “¡hijos de puta, qué poca madre!” pensaba Eme para sí.
La tele transmitía basura, Eme había agarrado gusto por los “Reality Shows”, sobre todo los que despertaban su morbo. Por aquellos días, después de media noche, el gobierno daba chance a unos brasileños que hacían el negociazo hablando de Dios y Prosperidad Empresarial, lo que mas le daba risa a Eme era el acento de los oradores tratando estúpidamente de imitarlos: “si uste tene a Satanash en su curasao, si ushté a perdidu tuda confiansa en si mishmu”, decía Eme tratando de emular el acento “brasileiro” y carcajeandose sólo como un loco. Cuando tenía cable su programa favorito era el de Sobrina, una vedette de monstruosas y operadísimas chichis con disfraz de dominatriz: el tema a discutir siempre es el sexo, pero lo mas gustaba a Eme era que Sobrina también cantaba en una banda de punk. Eme dejó la caguama a un lado y encendió un cigarrillo, “el tipo de cambio se tambalea”, gritaba LópezChóriga mientras dejaba el cigarrillo en el cenicero y volvía a tomar su caguama, le dio tres grandes sorbos. A Eme gustaba de tomar en la botella, o mejor dicho, se le hizo costumbre desde sus épocas de austeridad, cuando no tenía dinero ni para un par de tristes vasos. Eme tomo el control remoto con la mano que tenía libre y cambió de canal, trató de localizar algún programa entretenido, “puro chile”, dijo en voz alta mientras tomaba de nuevo la caguama y daba un gran trago a la caguama, “puta frustración” dijo en voz alta una vez que terminó de tomar la chela.
Eme despertó con el cuello dolorido y cayó en cuenta que seguía vestido, se había quedado dormido en el sillón. La tele estaba aún prendida, la apagó y buscó la grabadora, puso una cinta de Banda Bostik, sintió resaca, fue a la cocina y abrió el refrigerador, tomó la última caguama, regresó al sillón y buscó entre sus junturas una bolsilla de poliestireno rellena de mariguana, forjó un cigarrillo, “venga el desayuno del chamuco” dijo en voz alta mientras reía solo como un loco. Dio unas cuantas bocanadas a su churro y se sintió feliz, con muchas ganas de irse de fiesta, de repente se durmió...

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